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Copa del Rey de Vela, un escaparate de Mallorca poco aprovechado

lunes 29 de julio de 2019, 00:00h

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Este lunes comienza la 38 edición de la Copa del Rey de Vela, uno de los eventos deportivos y sociales más importantes del calendario, que pone la bahía de Palma en el centro de atención mundial durante los días de competición. En esta ocasión, la Copa del Rey Mapfre de vela reunirá a más de 1.500 regatistas que competirán a bordo de 132 barcos representando a 26 países.

Organizada por el Real Club Náutico de Palma y la Real Federación Española de Vela, con el patrocinio de Mapfre y la colaboración institucional del Govern de les Illes Balears, el Ayuntamiento de Palma, la Autoritat Portuaria de Balears y la Federación Balear de Vela, la Copa del Rey de Vela se ha consolidado desde hace años como un gran evento mundial, con un impacto económico que, para la pasada edición de 2018, se estimó en 17,4 millones de euros; o lo que es lo mismo: unos ingresos de 2,2 millones de euros diarios.

La competición genera para la economía local ingresos en diversas actividades como el transporte marítimo, aéreo e interior, el alojamiento, la oferta complementaria, el ocio, la cultura y los servicios relacionados con la organización y el mantenimiento de las embarcaciones inscritas.

El indiscutible éxito deportivo y económico, sin embargo, parece discurrir a menudo de espaldas a los ciudadanos de Palma y de Mallorca, en general, con escasa presencia y poca proyección del evento fuera del ámbito deportivo y social. Los aficionados a la vela y, sobre todo, los profesionales directamente implicados valoran de forma sobresaliente la cita deportiva. Pero se echa en falta una mayor difusión en otros ámbitos.

No debería bastar con acoger la competición, sino que debería convertirse en un gran elemento de promoción de Palma y de Mallorca. Otras citas deportivas internacionales como los Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales o, como se ha visto este mismo fin de semana, el Tour de Francia -que concluía en los Campos Elíseos de París- se convierten en escaparates privilegiados para promocionar ciudades y países. Esta es la asignatura pendiente que tienen que superar, sobre todo, las instituciones públicas que apoyan la celebración de la prueba, especialmente para respaldar su propio discurso de querer atraer un turismo de más calidad y poder adquisitivo.