Una simple visita a algunas de las playas más concurridas de la isla pone de manifiesto hasta qué punto la progresiva desaparición de los chiringuitos en los espacios de baño está redundando en una pérdida notable de la calidad paisajística y la excelencia medioambiental en el litoral mallorquín.
En pleno mes de junio, ya con la temporada de verano en clara tendencia ascendente en cuanto a la llegada de turistas, las playas que han visto suprimidos o, como mínimo, limitados los negocios de bar, cafetería y otros servicios, se han transformado en territorios con barra libre para las conductas incívicas, donde los residuos campan a sus anchas y los vendedores ambulantes ofrecen sus mercancías sin ningún tipo de control ni vigilancia.
BATALLA CONTRA LOS CHIRINGUITOS DE PLAYA
En este sentido, a la Conselleria de Medi Ambient i Territori, administración que, en el ejercicio de sus competencias, ha encabezado la batalla contra los chiringuitos playeros, le está saliendo el tiro por la culata. El departamento que dirige el conseller Miquel Mir ha justificado su política ‘antichiringuitos’ en la necesidad de garantizar espacios de litoral más sostenibles, ecológicos e higiénicos.
La realidad está siendo justo la contraria: a medida que los chiringuitos han tenido que poner punto y final a su oferta o, al menos, limitar su actividad y sus dimensiones, y los autónomos y empresarios que están al cargo de estos negocios no han visto renovadas sus licencias, o se hallan inmersos en una lista de espera de incierta y exasperante dilación, las playas se han transformado en espacios mucho más insalubres que anteriormente. Desde el Govern, el titular de Medi Ambient ha defendido en diversas ocasiones la necesidad de promover un esponjamiento efectivo del territorio de litoral para garantizar una mayor sostenibilidad y frenar la masificación turística que se detecta en determinadas zonas de la isla.
"LOS CHIRINGUITOS NO SON NINGUNA AMENAZA PARA EL ENTORNO"
Muy diferente es la posición de los ayuntamientos afectados. A su juicio, la existencia de estos negocios, lejos de constituir una amenaza para el entorno, representa una sustanciosa vía de ingresos económicos y una fuente de provisión de puestos de trabajo. Y a ello cabe añadir su influencia como elemento de disuasión de las prácticas contrarias a la buena convivencia.
Desde que, a medida que la evolución de la Covid se ha ido normalizando y las expectativas de la temporada turística han mejorado progresivamente, los consistorios perjudicados por la posición de Medi Ambient, presionados por el tejido social y productivo de sus respectivos municipios, se han mostrado más beligerantes con el cierre, total o parcial, de la oferta de chiringuitos de playa. Uno de estos ayuntamientos es el de Muro, que ha presentado alegaciones a la decisión comunicada por la Demarcación de Costas en relación a la instalación de mesas y sillas en los chiringuitos de las playas de la zona de ses Casetes des Capellans.
LIMITACIÓN DE CHIRINGUITOS EN ES TRENC
Cabe resaltar que, en el actual marco competencial, la concesión de la licencia es tramitada por Costas, pero resulta preceptivo y vinculante el informe emitido a tal efecto por parte de la Conselleria de Medi Ambient i Territori. Esta cuestión también colea en Campos, donde tan solo tres de los seis chiringuitos que habían sido autorizados hasta ahora en el territorio del Parc Natural es Trenc-Salobrar han recibido luz verde para la renovación del permiso.
La resolución denegatoria ha correspondido a las playas de es Morters, es Marquès y es Trenc. Además, de los tres chiringuitos autorizados, dos han recibido la orden de cambiar su ubicación para tener la posibilidad de proseguir con su actividad. Costas ha impuesto también otras limitaciones. Una de las más significativas es que el periodo de vigencia de los permisos de apertura se ha reducido en un mes. Anteriormente, abarcaban el tramo comprendido entre el 1 mayo y el 31 de octubre. A partir de esta temporada, la licencia caducará el 30 de septiembre. Eso implica que los empresarios contará con menor margen de tiempo para rentabilizar sus negocios.
UN CENTENAR DE PUESTOS DE TRABAJO, EN PELIGRO
A mediados del pasado mes de mayo, la controversia suscitada en relación a los chiringuitos fue debatida en la sesión plenaria del Parlament, con motivo de una moción planteada por el PP. La propuesta instaba al Govern a aplicar una política más permisiva en cuanto a la instalación de estos servicios en las playas, sin vulnerar, en ningún momento, los parámetros que fija la ley de Costas.
Sin embargo, el texto no salió adelante al votar en su contra los grupos políticos que prestan apoyo al Ejecutivo. Igualmente, el pleno rechazó solicitar a la Administración del Estado una compensación destinada a aquellos ayuntamientos que no han conseguido renovar los permisos de concesión de los chiringuitos ubicados en sus municipios, a causa de los informes desfavorables de la Conselleria de Medi Ambient i Territori.
En la defensa de la moción, el diputado del PP Sebastià Sagreras advirtió de que denegar la autorización de los chiringuitos "pone en peligro" un centenar de puestos de trabajo y revestirá "efectos negativos" en las economías locales y en los tejidos productivos de las zonas costeras y turísticas de Mallorca. Sagreras criticó que las denegaciones se basen en los informes medioambientales, exclusivamente, y no tengan en cuenta el "impacto positivo" de los chiringuitos desde el punto de vista de los ingresos económicos.
INSTALACIONES "BENEFICIOSAS" PARA EL ENTORNO
El representante popular insistió en que los argumentos esgrimidos por el Govern para limitar la presencia de los chiringuitos son "excusas". Bajo su punto de vista, estas instalaciones "resultan beneficiosas para el entorno y dinamizan la actividad económica". Sin embargo, siguiendo la argumentación de Sagreras, han acabado siendo víctimas de la "manía persecutoria" del Ejecutivo autonómica en relación al turismo.
Diferente fue la valoración expuesta en esta sesión plenaria del Parlament por los grupos que integran el Pacte. El diputado de Més per Mallorca Joan Mas lamentó que el PP "se aferre" al tema de los chiringuitos a un año de las elecciones y tras dos años de pandemia. Mas defendió que "la cuestión realmente importante es si queremos o no queremos playas", ya que, a su parecer, resulta "evidente" que los espacios de baño están experimentado un "claro retroceso" que cabe atribuir necesariamente a "la mano del hombre".
En su turno de intervención, el diputado de Unidas Podemos Pablo Jiménez recordó que el proceso de concesión de los chiringuitos no corresponde al Govern, sino a Demarcación de Costas, organismo que depende del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Además, el representante morado manifestó su desacuerdo con "el discurso de los empresarios maltratados" y puso en valor que "no existe la obligación" de renovar las autorizaciones.
En cuanto al PSIB, el diputado Damià Borràs responsabilizó al PP de "haber creado el actual marco de seguridad jurídica", y preguntó si no resulta preferible la fórmula de "menos chiringuitos" para preservar la calidad del entorno ambiental.
SOSTENIBILIDAD DE LAS PLAYAS
Volviendo a los partidos de la oposición, el portavoz de El Pi-Proposta per les Illes, Josep Melià, defendió la necesidad de "hacer compatible" la protección de los espacios naturales y el medioambiente con la actividad económica. Para Melià, el cuidado y la sostenibilidad de las playas constituye "un tema capital para Baleares y para su principal fuente de ingresos, que es el turismo".
En esta misma línea, el representante de Ciudadanos, Marc Pérez-Ribas, negó que la controversia por la limitación de los chiringuitos de playa sea "una cuestión puramente anecdótica" y puso en duda que la eliminación de estas instalaciones contribuya poderosamente a mejorar las expectativas sobre el cambio climático.
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