Cualquiera que conozca Sóller sabe que no se puede ser alcalde de la localidad sin cambiar el sentido de la circulación por el interior del núcleo urbano. Es una costumbre tan arraigada que yo a esta altura hubiera puesto señales de tráfico variables, como los paneles de las autopistas, para que cada alcalde vaya cambiando las indicaciones cada poco tiempo.
Ahora, el nuevo alcalde ha tenido que envainarse su furia señalizadora porque no hay dinero para comprar señales (a lo que se ve, cada vez que las cambian deben de tirar el material que habían empleado), por lo que, ha dicho, mientras no tengan dinero, el cambio deberá esperar.
Conociendo la situación financiera de Sóller, esto quiere decir que, por lo menos hasta 2020 nos tendremos que conformar con el tráfico en la forma en que lo tenemos hoy. No está mal. Al final, la crisis tiene algunos beneficios.