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Arriesgados (y caros) rescates en la montaña

jueves 11 de abril de 2019, 00:00h

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Los rescates de excursionistas en la montaña aumentan considerablemente con la llegada del buen tiempo y el incremento de una actividad lúdica que, en algunos casos, acaba convirtiéndose en un problema. Esta semana se producía el enésimo episodio protagonizado por una senderista accidentada en un paraje de muy difícil acceso en la Serra de Tramuntana. El helicóptero de la Guardia Civil tuvo que transportar hasta el lugar a los agentes del Greim (Grupo de Rescate e Intervención en Montaña) que actuaron descendiendo entre las crestas de la montaña para socorrer a la accidentada.

Son situaciones recurrentes que se multiplican cuando los afectados son personas que desconocen los parajes por los que se aventuran o cuando estos excursionistas realizan la actividad sin ir debidamente equipados. En todos los casos, la actuación de los agentes de montaña de la Guardia Civil es proverbial. Su conocimiento del entorno geográfico y del oficio hace que estos rescates se puedan desarrollar con éxito. Pero ello no significa que estas acciones de salvamento no supongan un alto riesgo para todos los que participan.

No son pocos los que reclaman que estos rescates tengan un coste para quienes los provocan. En septiembre pasado, por primera vez en España, un juzgado de Oviedo dictaminó a favor del Principado de Asturias, cuyo gobierno había remitido una factura de 5.900 euros a un escalador que tuvo que ser rescatado del Naranjo de Bulnes dos años antes.

No todas las actuaciones de rescate son provocadas por negligencias, pero no es improcedente que se puedan sancionar de alguna forma aquellas acciones que acaban poniendo en riesgo vidas y que obligan a desplegar grandes recursos, tanto humanos como económicos. Es oportuno reclamar más responsabilidad a senderistas y montañeros, cuando no a simples turistas que en algún caso se han internado en zonas escarpadas con las chanclas de la playa.

El elemento positivo de estos rescates lo ponen los miembros del Greim en Mallorca, profesionales que reciben un alto reconocimiento, dentro y fuera de España. No hace mucho, algunos de ellos eran reclamados para participar en el rescate del niño Julen, caído en un pozo de Málaga. El embajador norteamericano, por su parte, les agradecía su actuación en el rescate de un ciudadano americano. Son sólo dos ejemplos de un justo reconocimiento a una labor anónima desempeñada con un alto grado de profesionalidad.