No deja de llamar la atención la subida salarial para los funcionarios suscrita por Francina Armengol, muy por debajo de los altos índices de inflación que la propia Armengol, ante la negociación colectiva entre los agentes sociales, reclamaba combatir con subidas "históricas" en las empresas privadas.
La misma presidenta que pide "generosidad" a los empresarios -sobre todo a los del sector turístico- para que suban los salarios de sus trabajadores tras una buena temporada de verano ha decidido suscribir una subida para sus funcionarios del 1,5 por ciento este 2022 y del 2,5 para el 2023. Y todo ello cuando el Govern sí está gestionando un presupuesto récord tras otro -lo fue el de 2022 y lo será el del 2023-.
A diferencia de los empresarios, cuyos beneficios no han sido acordes con los ingresos generados por la llegada de turistas, el Govern sí ha registrado unos ingresos extraordinarios por la vía de la recaudación -la inflación ha disparado los ingresos del IVA-, lo que sin duda sí puede ser calificado de "histórico". Extraña pues que, ante estos ingresos excepcionales, el incremento en las nóminas de los trabajadores públicos de quede en el 1,5 y el 2,5 citados.
Poco o nada han alzado la voz los sindicatos, quienes ya se dan por pagados y parecen mostrarse satisfechos a la hora de ir de la mano con el Govern para conseguir de los empresarios mayores subidas salariales que palíen una inflación que ahora se sitúa por encima del 7,3 por ciento.
Con ello, la presidenta consigue, por una parte, posicionarse a siete meses de las elecciones ante un electorado que fácilmente identifique a los despiadados empresarios como los responsables de la penuria económica que se avecina y, por otra, seguir disponiendo de recursos para mantener el reparto de bonos, descuentos, subsidios o ayudas que tanto beneficio reportan a su imagen. El presupuesto récord está para algo.
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