En una de las encuestas realizadas por mallorcadiario.com esta semana, el 77,3 por ciento de los encuestados declaraba percibir que vuelven expresiones de turismofobia a las Islas. Sólo el 22,7 por ciento restante no comparte esta opinión. El anuncio de una recuperación plena del turismo en Baleares para la temporada alta que ahora se inicia, con cifras comparables a las de 2019 -el 98 por ciento de los hoteles de Mallorca ya están abiertos-, se ha sumado a las múltiples polémicas que han vuelto a resurgir sobre los chiringuitos playeros, la llegada de aviones, el aumento de los vehículos dedicados al alquiler o, más recientemente, por la gestión de los cruceros.
Sobre este último aspecto, Baleares ha sido la primera comunidad del país en suscribir un acuerdo con las navieras para limitar la entrada de cruceros en el puerto de Palma, convirtiendo la capital en el segundo destino europeo que logra un acuerdo de estas características. El entendimiento entre ambas partas concluye que Palma sólo podrá recibir un total de tres cruceros al día, además de que no se podrán superar los 8.500 cruceristas diarios en el cómputo semanal en la capital balear.
El acuerdo ha sido celebrado tanto por Francina Armengol y Iago Negueruela -que es quien ha llevado a cabo las negociaciones-, como por la patronal del sector, CLIA, y las principales navieras. Sorprenden, sin embargo, las críticas de Més y Podemos al acuerdo, aunque encajan de lleno en el guión que ambas formaciones mantienen frente al turismo, que parece despreciar un sector que genera 500 millones de euros al año y proporciona empleo a cuatro mil personas en las Islas.
Racionalizar la llegada de cruceros a los puertos de las Islas forma parte de los compromisos adquiridos por PSIB, Més y Podem en el marco de los Acuerdos de Bellver de 2019, que permitieron reeditar el gobierno de coalición a las formaciones del Pacte. Més y Podemos forman parte, por tanto, del ejecutivo que ha firmado el acuerdo sobre cruceros, pero se han apresurado a desmarcarse abiertamente, criticándolo y exigiendo una reducción mayor del número de barcos y viajeros.
Son actitudes que, sin sorprender en exceso, buscan marcar perfil propio ante los respectivos votantes a la vez que ponen de manifiesto el tic antiturismo que anida en los partidos que comparten con el PSIB responsabilidades en el Ejecutivo balear y que parece alentar la turismofobia cuya vuelta se percibe; una actitud que complica, en el seno del Pacte, la gestión de la principal industria del país y que puede ahuyentar a muchos de los que eligen Baleares para sus vacaciones.
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