Amor no, dinero
jueves 20 de marzo de 2014, 18:12h
Esta semana ha sido intensa. Sobre todo en emociones, he tenido la oportunidad de conocer el trabajo de la Fundación Natzaret. Sinceramente desconocía del todo lo que hacen, sabía de su existencia, pero como una gran cantidad de cosas en la vida solo sabía la superficie, tenía una idea más o menos preconcebida de lo que es la Fundación. Una idea errónea. Para haceros una mejor descripción, tomo las palabras del actor Jorge Sanz que estos días ha estado en Palma para hablar de un proyecto que tienen en marcha “estos chavales no son delincuentes, son chicos que pertenecen a familias con problemas o que no tienen a nadie y que son acogidos en este hogar donde les cubren sus necesidades básicas pero sobre todo les dan amor, lo que les convierte en personas increíblemente bondadosas”.
A pesar de que estos niños y jóvenes son felices en la Fundación Natzaret, surge un problema cuando cumplen la mayoría de edad. Se quedan solos, desvalidos, son lanzados al mundo sin armas. La idea del proyecto de Natzaret es promover el apadrinamiento, se trata de amparar a estos chicos cuando tienen que dejar la casa, no solo tiene que ser una aportación económica, que también se puede dar y ojalá todos lo hiciéramos. Ellos lo que piden es que nos impliquemos con personalmente. Durante la presentación del proyecto de apadrinamiento, una de las muchachas que están a punto de salir de la Fundación lo describía claramente, quieren un amigo/amiga que les de soporte, que les anime, que les aconseje, que esté a su lado en momentos de bajón, esos que todos tenemos, pero que por suerte nosotros seguramente estamos rodeados de amigos, padres o hermanos, la diferencia es que ellos no tienen a nadie. Escuchar esa petición tan sencilla me sobrecogió el corazón. Aún más me llamo la atención las dudas que surgían en los presentes ¿seré capaz? ¿ pero solo es acompañarles? ¿ es estar disponible al teléfono para ellos?.
No he podido dejar de preguntarme, ¿Porque es tan difícil dar? Da igual lo que nos pidan, nos supera. Nos sentimos vulnerables, asustados incluso, ante la perspectiva de dar algo y si es algo tan simple como cariño, amor, ternura o compañía de vez en cuando parece que cuesta aún más. Me gustaría entender el mecanismo que nos lleva a no permitirnos “el lujo” de dar parte de nuestro tiempo, que reconozco en muchos casos es escaso, pero que seguramente será enriquecedor si lo hacemos.
Al final el egoísmo nos supera, volvemos a nuestra rutina, a nuestra vida llena de altibajos, en la que no tenemos más pensamiento que nuestros problemas. Los de personas tan solas como los chicos que viven en la Fundación Natzaret nos da igual, aunque ellos solo nos pidan un poco de amor.