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Acrobacias democráticas

Por Fernando Navarro
viernes 21 de marzo de 2025, 05:00h

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Ayer acudió Pedro Sánchez a hacer funambulismo en Bruselas. Lleva unos días practicándolo a cuenta del incremento del gasto en Defensa, y su principal problema es que una parte del Gobierno quiere, en efecto, aumentarlo y la otra salir de la OTAN. El gasto ya es «disparatado» afirmó muy tajante un paisano llamado Bustinduy que al parecer es Ministro. El caso es que el Partido Popular, que tiene más escaños que nadie, estaría dispuesto a apoyarlo para obtener una mayoría muy sólida en el Congreso. Este es un asunto vital para la supervivencia de Europa: hay previsiones que apuntan a que, antes de 2030, Rusia atacará algún país báltico para comprobar la solidez de la alianza europea y su predisposición a ayudar a los socios en peligro. Pero Pedro Sánchez no quiere ni oír hablar de aceptar el apoyo del PP porque toda su política se basa en hacer creer a su rebaño que la derecha es algo peligrosísimo, y eso le permite seguir gobernando con los verdaderamente peligrosos; para que éstos no se enfaden ahora dice que no quiere hablar de rearme sino de salto tecnológico y otras chorradas parecidas.

Esta misma semana el Gobierno ha aceptado convertir a los menores extranjeros no acompañados en mercancía a cambio de la que asegurar su permanencia en la Moncloa. Los menas, al parecer, están muy bien pero no para Cataluña, y por eso Sánchez ha pactado con Junts un reparto no estrictamente equitativo (700 para Madrid, 20 para Cataluña) El Ministro Ángel Víctor Torres lo ha justificado diciendo que Cataluña ha hecho hasta ahora más esfuerzo de acogida, y sin duda se refiere a los charnegos de resto de España (en el texto en el que se acuerda la delegación del control de fronteras se convierte en extranjeros a los españoles nacidos fuera de Cataluña) que no paran de acudir a Cataluña para diluir su identidad. En todo caso la explicación no ha colado. Nos toman por tontos, ha dicho el presidente de Melilla. No, por idiotas, ha puntualizado Page. La realidad, obviamente, es que Excel permite un manejo creativo: uno decide previamente los menas que tienen que ir (o, más bien, que no tienen que ir) a cada Comunidad en función de las necesidades de Sánchez, y partir de ahí se van probando criterios y fórmulas hasta que los números salen: menas actualmente atendidos, población, riqueza, peso del aceite de oliva en la dieta… Todo lo que a ustedes se les ocurra. No hay que descartar que Sánchez haya acudido a Europa con un Excel similar para intentar convencer a von der Leyen de que, en lo que se refiere a gastos de Defensa, a España le toca a devolver. Ya intentó colar como una partida más del presupuesto militar el gasto derivado de la lucha contra el cambio climático, pero las risas europeas le hicieron desistir.

¿Se puede gobernar a espaldas del Parlamento y seguir siendo una democracia? ¿Es tolerable que, ante un previsible conflicto militar, unos ministros apuesten decididamente por la indefensión de su país? Sin responder a estas preguntas, con su desenfado habitual, después de pactar con Junts los criterios para que Cataluña se escabulla del reparto de menas, el Gobierno ha llamado racista a Mazón cuando ha intentado hacer exactamente lo mismo. Entonces ¿nos toman por tontos? «No es que os tomemos por idiotas, es que lo sois» dice un político a sus oyentes en una afortunada viñeta de Daniel Gascón. Hace 80 años Joseph Schumpeter lo expresó más finamente: «El ciudadano típico cae a un nivel inferior de funcionamiento mental en cuanto penetra en el campo político. Discute y analiza de un modo que inmediatamente reconocería como infantil si estuviera en la esfera de sus intereses reales. Se vuelve de nuevo un ser primitivo». A continuación detalló los requerimientos imprescindibles para que una democracia pueda florecer en una sociedad, y el primero era «alta calidad en los

políticos». Es esencial, según Schumpeter, que exista en la sociedad un ‘estrato social’ que provea a la política de «productos que han superado con éxito muchas pruebas en otros campos» de la vida (es decir, gente de éxito que ha cotizado a la Seguridad Social fuera de la política), provistos con las necesarias tradiciones y un código ético básicamente compartido.

Llegado a este punto, he dejado de leer. Hagan ustedes lo mismo, y pasen un buen fin de semana.

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